miércoles, 19 de marzo de 2008

En esta esquina... Silvia Tomasa Rivera... een esta otraa... CDM

Leía yo la Jornada Semanal cuando me encontré con este texto de Silvia Tomasa Rivera sobre el Diccionario Crítico de la Literatura Mexicana, de Cristopher Domínguez Michael. Ayer leía también al peruano Harold Alva lamentarse por que la cultura y la poesía se han convertido en una "triste trinchera", es cierto nos gusta el pleito y nos mueve el interés...

"Hablando de los grupos literarios de México, existe un doble fondo y una doble intención que se transcribe como: voy a publicar en el Fondo de Cultura Económica, una antología, y voy a incluir a los que viven por mi casa, a mis amigos, y a uno que otro escritor muy reconocido, nada más para llevar a feliz término el propósito anunciado.
Eso está muy bien para una tarde de café en El Parnaso, pero es muy desleal y poco operativo para llevarlo a cabo. Sin embargo se hizo. De no creerse, y de gran carencia ética y moral la semblanza que publicó recientemente el Fondo de Cultura Económica bajo el comprometido título de Diccionario crítico de la literatura mexicana (1955-2005), cuyo autor es Christopher Domínguez Michael. Eso lo explica todo, pero no lo justifica. El editor debe estar consciente que México es y ha sido siempre un país de grupos apasionados, y cuando se publica un diccionario de autores que va a ser exhibido dentro y fuera del país, debe hacerse con una conciencia lo más elevada posible, quiero decir alejada de los arrebatos de grupo, de lo contrario están siendo cómplices de un engaño. Omitir es mentir, tratar de ocultar a todas luces una verdad contundente, hacer el ridículo tratando de dar a los lectores un punto de vista con la idea de que lo acepten como si éstos no supieran quien es quién en la anfructuosa planicie literaria. Omitir es cercarse a uno mismo, encerrarnos en el entorno al que pertenecemos sin darnos cuenta que es un campo minado. En otras palabras, ciego de luz y torpe de conciencia.
La cauda de hojas que publicó el FCE no tiene por qué tener a todos los vivos y los muertos, y menos siendo del dominio público el grupo de vivos al que el autor rinde cuentas. Es muy cómodo publicar en el Fondo de Cultura Económica y la distribución no es mala; cuando yo publiqué Duelo de espadas, meses después lo encontré en unas librerías de Madrid. Claro, eran otros tiempos y el director era Jaime García Terrés. Pero los humanos no aprendemos de la historia, hacemos nuestro propio recuento personal según las limitaciones de las cuales somos rehenes. Alguien dijo una vez: la necesidad sustituye los sentimientos. Me quedé pasmada. En los sentimientos se fragua todo: la sencillez, la grandeza, la elementalidad. Es increíble el vacío que se genera con la necesidad de personas y de cosas. Es llegar a decirse en la penumbra del desasosiego: “voy a escribir un libro aunque no tenga nada que decir y voy a llamar la atención a toda costa. Mi padre es el vacío.”
¿Tiene caso escribir un libro que no le sirve a nadie?
Un libro aun con las ausencias debe ser un libro completo siempre y cuando se guarden las proporciones. No se puede mostrar una guía (aunque se diga personal) sin incluir a Guillermo Samperio, quien publicó por cierto en el FCE Gente de la ciudad, y que cada vez tiene más lectores; no incluir a Rafael Pérez Gay, después de haber escrito Diatriba de la vida cotidiana, lectura obligada en nuestro tiempo; ni a Hernán Lara Zavala, narrador de incuestionable trayectoria que tanto leen los jóvenes. No incluir a Elena Poniatowska, una institución en las letras mexicanas de los últimos cuarenta años; ni a Ángeles Mastretta que escribe en contacto directo con el corazón de las mujeres. No se puede hablar de dramaturgia sin mencionar a Hugo Argüelles, como si su obra Los gallos salvajes no hubiera sido escrita; ni a Víctor Hugo Rascon Banda cuya obra Cierren las puertas es un parteaguas en la nueva dramaturgia mexicana.
No se debe utilizar el nombre de Evodio Escalante sin reconocer Las metáforas de la crítica. Nadie que escriba sobre literatura mexicana puede ignorar a Hugo Gutiérrez Vega como si su inolvidable trilogía griega no existiera; eso, en principio, es ya una irreverencia. No se puede, señores, hablar de poesía mexicana sin mencionar a Luís Miguel Aguilar, aunque esto lo comprendo, Christopher, porque las coordenadas que lanzas a tus ojos no alcanzan a llegar a una poesía narrativa tan profundamente humana como la que está escrita en Chetumal Bay Anthology. No se puede ignorar a Elva Macías, sin percibir que en la brevedad de sus versos se gesta la grandeza del poema.
No mencionar a Vicente Quitarte es no darse cuenta de la celestial marejada poética que existe en El ángel es vampiro. ¿Quién no ha sido chupado por un ángel en las noches sin luna? No reconocer a Marco Antonio Campos es ignorar Viernes de Jerusalén, uno de los libros de poesía más leídos y sentidos de los últimos años. Ni a José Vicente Anaya, cuando su libro Híkuri es tan considerado por los lectores jóvenes que no saben de mafias. Y José Ángel Leyva, ¿qué no leíste los versos que salieron de las mismísimas profundidades de El espinazo del diablo ? Y Efraín Bartolomé con su legendario Ojo de jaguar, que camina por la décima edición, ¿tampoco es digno de ser nombrado? ni Ricardo Castillo, poeta de la gloriosa generación de los cincuenta que publicó en el FCE su ya clásico libro El pobrecito señor X; que después fue recogido por la editorial Verdehalago y Conaculta en la colección de poesía La Centena , bajo la coordinación del poeta Víctor Manuel Mendiola, quien también publicó en el Fondo su libro Vuelo 294 y que tampoco fue incluido. Me atrevo a decir que la selección que hizo Mendiola para La Centena es una de las mejores y más heterodoxas que se han editado en México. Deberías aprenderle, Christopher, nunca es tarde. Date cuenta que lo único que demuestras con tus hallazgos inconsistentes es que eres mejor “cuate” que crítico.
El hecho de no haber sido incluida no me afecta en sí, porque siempre he sabido que vives en una adolescencia perpetua de trastabilleos y caprichos. Lo que me preocupa es el manejo de los espacios públicos como si fueran privados, gozando de la impunidad de grupo.
El mundo que habitamos es más amplio, Christopher, no se limita a un poder transferido. El único poder que sobrepasa los grupos y la turbiedad de las acciones es el poder de la creación, precisamente el que te fue negado.
Volviendo al incómodo asunto que nos atañe, los rencores y desacuerdos de grupo deben quedar atrás, cuando se trata de presentar a la sociedad una muestra sustancial de los escritores de México. El Diccionario crítico de la literatura mexicana (1955-2005) no se puede tomar de ningún modo como una guía seria, es un trabajo gregario y superficial. Por la importancia que representa para los lectores y para la sociedad mexicana en general, el Fondo de Cultura Económica, casa editorial donde varias generaciones hemos abrevado, no debe exhibir sus debilidades, mostrando una antología que adolece de la esencia cabal de personas que pertenecen a una época determinada y que han trascendido gracias al reconocimiento de sus obras.
Desde el momento en que el autor dice marrulleramente en el prólogo: “una antología personal y un diccionario de autor”, no debió publicarse con el nombre que ostenta. Si tanto era el compromiso ¿y con quién?, el título debió quedarse como en la cita del prólogo. Si se quiere hacer un diccionario de escritores mexicanos con las características pretendidas, la investigación debe estar solventada en bases firmes; editarse en dos tomos si presume de ser crítico, y el antologador debe ser un escritor responsable que no atienda a mafias ni orquestaciones. Si se pierden de vista estos puntos, el gasto de producción será innecesario.
Yo, igual que muchos escritores, pido se retire de circulación el Diccionario crítico de la literatura mexicana (1955-2005) porque - con tal brillo de ausencias- no es un libro confiable ni susceptible de ser consultado.
La comunidad literaria de México no puede ser cómplice de una mentira, ni permitir que se manipule, a través del prestigio de una editorial, el juicio de los lectores.
Dígame, por favor, señora Consuelo Sáizar, directora del Fondo de Cultura Económica: si un libro no toca almas ni principios y no acerca al lector a la luz del conocimiento requerido, ¿qué estamos tocando? ¿Acaso estamos tocando el Fondo?"

jueves, 31 de enero de 2008

Convocatoria: Premio Nacional de Cuento "Gregorio Torres Quintero"

El Gobierno del Estado de Colima a través de su Secretaría de Cultura y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes convocan al

1er. Certamen Nacional del Cuento Gregorio Torres Quintero.

1.- Podrán participar todos los escritores mexicanos por nacimiento y residentes en la República Mexicana con un mínimo de 5 años viviendo en el país.

2.- Los participantes podrán concursar con un libro de cuentos inéditos en español.
a) El tema y la forma son libres
b) El texto deberá tener una extensión mínima de 60 cuartillas y máxima de 120, escritas a máquina o en computadora con tipografía times, a 12 puntos, doble espacio, en papel tamaño carta por una sola cara y deberá enviarse por cuadruplicado (encuadernado o engargolado).
c) El libro se firmará con seudónimo. Por separado, en un sobre cerrado con el seudónimo escrito en el exterior, se incluirán los datos personales: nombre completo del autor, de la obra, domicilio, número telefónico, correo electrónico, copia fotostática de su acta de nacimiento u original de documento probatorio de residencia en el país y breve currículo. Estas plicas serán depositadas por los organizadores en una notaría pública de la ciudad de Colima, Col.
3.- Para asegurar el anonimato y validez del seudónimo, únicamente se admitirán a concurso los trabajos recibidos por correo o servicio de paquetería, remitidos con el seudónimo correspondiente.
4.- Las inscripciones al certamen quedan abiertas a partir de la publicación de la presente convocatoria y cierran el 3 de marzo de 2008. Para tales efectos se tomará en cuenta la fecha del matasellos del correo o guía de paquetería. Los organizadores no se responsabilizan por la demora en la entrega de los trabajos a concurso.
5.- No podrán participar:
- Trabajadores de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Colima.
- Obras que se encuentren participando en otros concursos en espera de dictamen ni las que hayan sido premiadas en certámenes similares.
- Trabajos que se encuentren en proceso de contratación o de producción editorial.
6.- El jurado será designado por la Secretaría de Cultura de Colima y el CONACULTA; se integrará por tres personalidades de reconocido prestigio en el campo de las letras, cuyos nombres se darán a conocer una vez que se haya dictaminado el premio. Su fallo será inapelable. Igualmente, podrá otorgar las menciones honoríficas que considere convenientes. El jurado se reservará el derecho de declarar desierto el concurso.
7.- Una vez emitido el fallo del jurado, se procederá a la apertura de la plica de identificación del ganador del certamen, quien de inmediato será notificado, dándose a conocer su nombre a través de los medios de circulación local y nacional a más tardar el 9 de mayo de 2008.
8.- La premiación se realizará el 25 de mayo de 2008 en la ceremonia con motivo del natalicio de Gregorio Torres Quintero.
9.- No se devolverán originales ni las copias de los trabajos no premiados con el fin de proteger los derechos de autor.
10.- Los derechos de publicación de la primera edición serán propiedad de los organizadores.
11.- El premio único e indivisible para el ganador es de 40 mil pesos, publicación de obra y diploma.
12.- La participación en este concurso implica la aceptación de las bases de la presente convocatoria.
13.- Los organizadores y el jurado tienen la facultad de descalificar cualquier trabajo que no reúna los requisitos exigidos en esta convocatoria.
14.- Los casos no previstos serán resueltos a criterio de los convocantes y el jurado.
15.- Los concursantes deberán enviar sus trabajos rotulados a la siguiente dirección.
Premio Nacional de Cuento “Gregorio Torres Quintero”
Secretaría de Cultura del Gobierno de Colima
At´n Yolanda Orozco Zamora
Calzada Galván Norte esq. Ejército Nacional s/n
28000 Colima, Col.
Para más información comunicarse al tel. (312) 313 30 24 yorozcovinculacioncolima@yahoo.com.mx o yolaorozco2001@yahoo.com.mx

lunes, 28 de enero de 2008

Haiku: Ramón F. Reboiras*

Escupe su lava el Etna.
Muere el Rey de Bélgica.
Revienta Sarajevo.

Y en mi corazón baila
la cabra del gitano.


* Ramón F. Reboiras: "la literatura es una venganza, la castración del periodismo te traslada una furia literaria, una rabia de escritor a sueldo que hay que dosificar".

jueves, 17 de enero de 2008

Fragmento de Cuadrilla: Agustín Santa Cruz

Nieto de Francisco Santa Cruz, gobernador de Colima y constructor del centenario Teatro Hidalgo, Agustín Santa Cruz es una de esas piezas que han sido poco valoradas y menos difundidas en la literatura colimense. Su temprana y sorpresiva muerte, la imposibilidad de que su obra fuese editada -regada en suplementos culturales y revistas de varias partes del país- y la poca valoración que se ha hecho de sus textos, lo han convertido en una leyenda negra de la literatura colimense. Hará casi diez años, cuando Ada Aurora Sánchez y Marco Jáuregui, terminaron Terrena Cruz, Vida y Obra de Agustín Santa Cruz y desde entonces poco o nada se ha dicho del también primo hermano de Alfonso Michel. La obra de Santa Cruz puede considerarse rupturista en medio de la siempre tradicional poesía colimense. Releo ahora el libro de Ada Aurora y Marco. Me encuentro de pronto con esto:

De la nariz le salía un líquido negruzco y fétido, ya el estómago comenzaba a hinchársele por la descomposición rápida del trópico.
(...) Por la vía cercana pasó el tren de los millonarios, con todas las cortinas bajas.
Chirrió el armón sobre la vía, empujado por los peones rumbo al trabajo.
Salió el sol y comenzó la diaria tarea de matar a los hombres y a las cosas.

(Fragmento del cuento Cuadrilla, de Agustín Santa Cruz)

miércoles, 16 de enero de 2008

Rogelio Guedea: Oficio. Leer

(El miércoles 23 de enero será presentado Para/Caídas, la más reciente publicación del escritor Rogelio Guedea, en el Patio Central de Palacio de Gobierno. Aquí se extiende una invitación.
Entre otras cosas, Rogelio Guedea publicará en próximas fechas otro texto en Aldus Poesía en conjunto con la Universidad de Colima y la Secretaría de Cultura, Oficio.Leer, que incluye decenas de reflexiones sobre los libros, el oficio de escritor y el oficio del lector. Aquí un adelanto de esa obra, que será presentada en Colima hacia el mes de Abril; y, como se sabe, la editorial Random House Mondadori publicará su novela Conducir un tráiler, que debutará en sociedad en la FIL 2008.)

El personaje García Madero, de la novela Los detectives salvajes del escritor Roberto Bolaño, a quien conocí una tarde lluviosa a las afueras de la Casa de América, en Madrid, roba libros. Pero no roba los libros que él desearía, dice, sino los que le brinda la oportunidad. Esta furia lectiva es la que extraño en muchos lectores de fin de semana, que buscan cualquier pretexto para no leer. Si el escritor es húngaro, porque es húngaro. Si la novela es rosa, porque es rosa. Si los personajes son bisexuales, porque son bisexuales. Hay lectores que, incluso, justifican
su rechazo al grosor del libro. Son demasiadas páginas, dicen, achacándole al escritor defectos estilísticos y otras babadas. A mí no me interesa el objeto amado sino amar, parece decirnos García Madero, personaje de Roberto Bolaño, a quien conociera una tarde lluviosa a las afueras de la Casa de América, en Madrid. Es una buena idea para llevarse a la cama.


jueves, 27 de diciembre de 2007

Al poeta pedorro

(En algún momento de sus constantes desencuentros Quevedo le escribió a Góngora este soneto. Como no he encontrado una mejor forma de responder a las alusiones personales hechas por el poeta pedorro, el editorialista de la pluma entre las nalgas, aquí respondo con él a tan falsas y ardidas afirmaciones hechas el lunes pasado en el bodrio ese llamado Lunes Político del Periódico de las batidas heces: el Diario de Colima)
-------------------

A Góngora

Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

lunes, 17 de diciembre de 2007

La Era de la Oclografía: Heriberto Yépez

Con oclografía neologizo “escritura de la plebe”. He aquí su esencia.La oclografía se trata de la dominación de la letra por quienes no tienen la intención de escribir para ascender de conciencia sino para hacernos saber a los demás que su estupidez es el mejor de los mundos posibles.Ortega y Gasset —que no era dos sino al menos tres— estaría de acuerdo en que somos una época en que el hombre-masa hace aparecer sus mensajes por doquier.
Ya sea en los mensajes de texto que aparecen en programas de televisión (“Niurka deja en paz a Bobby”) o en tags, YouTube, Twitter, blogs y toda página web (desde MSN News hasta Amazon.com) que tenga sección de “comentarios”. La oclografía pulula la palabra escrita.Algo inédito en la historia humana, ya que el elitismo de la imprenta oligarquizaba la grafía. Hasta hace poco —y no faltará quien siga afirmándolo no percatando el boom oclográfico electrónico— los best-sellers o la pornografía eran juzgados lo peor de la escritura pública. Es el grafiti que desgraciadamente sí se entiende.
Con el internet nació la Era de la Oclografía. En algunos años la mayoría de las palabras publicadas serán oclográficas.Cada palabra será una pepla más.La regla no escrita del oclógrafo es que no requiere verse como “autor” para publicar. Es la Muerte del Autor suplida por la Génesis del Nickname.Después de ver un discurso de Krishnammurti, alguien escribe en el comentario: “Se parece a Yoda”. Ante eso, ¿qué hacer?
Lo oclográfico es lo acaecido cuando todo espacio verbal mutó pared de baño público. No hay restricciones: todo puede ser dicho. Unos teclazos y un click y cualquier burrada, insulto, chisme, burla, ha quedado grabada para miles de leedores. En un mundo de micro-mass-medias, la oclografía reditúa.Su Big Bang fueron los e-mails. Los correos electrónicos sirvieron para que millones de personas retomaran la escritura y eso fue fabuloso, pero también para que cualquiera se sintiera con derecho —ya diestro en el click presto— a hacerle saber al mundo (y no sólo a su lista de correos) lo que opina. Entre los e-mails y la oclografía actual mediaron, por supuesto, los forwards. (¡La Segunda Venida del Kitsch!)
Y antes de todos estos géneros escritos demagógicos, la primera aparición de gente diciendo sandeces por largo tiempo en el espacio público masivo fueron ¡los malditos talk shows! ¡La culpa la tuvo Geraldo!
Después de que los talk shows y, obvio, las tribunas radiales populistas, dieron permiso para exhibir ante miles la ignorancia, prejuicios, insultos, gatuperios, de cualquiera que tuviera el micrófono, con la llegada del internet y el acceso a la autopublicación instantánea, la bomba estalló.El prestigio de la escritura será destruido por la oclografía.

heribertoyepez@gmail.com

Heriberto Yépez