martes, 8 de julio de 2008

«Jeta de Santo»

Antología de la poesía de Mario Santiago por Mario Raúl Guzmán y Rebeca López
«Jeta de Santo». El Abate Las Patas

Por Orlando Guillén



Por encima del poder de la anecdótica que ni a magia de carpa llega y porque «Por mi culo que no sé el comején que signifique esto/ Pero alma frente a cuerpo/ Como perro sumergido en perra/ Juro que este instante me destaza/:: me transforma ::», diré con toda la jeta por pie de Mañanita que de lo demás me callo, y por festín de sapo que Mario Santiago en Jeta de Santo es, concisamente, sí, Mario Santiago. El Abate Las Patas. Hasta acá sube el hedor andante del cazador equivocado de su propio blanco, e ingenuo, no inocente; e indefenso vividor que fue de infiernos ciertos en los 2 bolsones de la miseria del mundo reducto a sus andanzas, por aquellos puntos por donde y hasta donde le fue posible patearlos; y por contraparte en «¿Quién eres? Soy 1 extranjero para dios/ para la policía/ para mí mismo», el resuello de su ancha respiración asmática de júbilo simultáneo de amor y de belleza de todo lo vivo que quieras que no te incluye en versos de aristas de metal nervioso que hasta plagiando al prójimo te incluyen y se mueven largos, mayestáticos recargándose en vuelo o al contraerse y disparar, verdes y sinuosos como gusano de muertos o gargajo potencioso de polen de ala de culebra. Aquí está, sí, Mario Santiago, y no el laboreado ficto famoso Ulises Lima que buscarán en vano los afanosos de toda mitificación. No saben tales hurgantes que si hurgan el montón aparcado por los antólogos tampoco lo van a hallar, pero poco o nada les importa: la verdad no es propósito natural de su pesquisa, porque de ellos es la corola de la flor de los pesos medios, a mucha honra y enjundia. Cosa de ellos. O allá ellos. Pero El Abate verdadero no da recurso a la decepción a quienes se lo permiten, y en eso es como un mago borracho dentro de una bola de cristal que se tambalea, cae y se hace añicos que gritan retorciéndose en ojos y espejos diminutos de vida y de conciencia; y a quienes no, les pone cráneo en la recámara la bala dilemática de inventárselo o retornar a la fuente de su progenie que es pública y camino es llano que no cuesta. Y que quienes se queden, que se queden. En todo y no sólo en lo que entre estas líneas se comprenda o se intuya, la verdad no es dinero gratis y sólo os hará libres si la conoceis y sois consecuentes con su conocimiento. Por eso mismo no os la digo y, en cambio, os conmino a que la perrieis allí donde esté o ande. Mario Santiago está en este libro que lo antologa, y eso en sí, que no es mérito porque tal es su deber, es una excepción que rompe el resto de la regla general al día, y deslastra por tanto cualquier fantasmagoría al abordaje. Lo digo en pleno acuerdo en este criterio de a kilo con Mario Raúl Guzmán y Rebeca López. Dar El Abate de carne y hueso humanos, expreso por los hitos poéticos que marcan su andadura antitrágica espiritual, espirituosa y sobre todo real, y dar persona tangible en el patín de la vida, ha sido pues el criterio de los antólogos para seleccionar sustancia sangrienta espiritual de la carne y médula dúctil pero no maleable del hueso de música poético del autor, sin eliminar por exceso de celo chirridos y ripios en poemas que deben estar por razones no musicales (lo contrario sería querer darlo sin evolución y sin defectos y omitir virtudes específicas por defecto de otros, más cuando no existe obra sin defectos, y aquí son útiles muchas veces para soportarse a su escritura libérrima); y así nos entregan, con este libro, de los alrededor de 1500 poemas que constituyen la obra en manos rebequiles de Mario Santiago, solamente 161 que son a esa obra núcleo, cosa imprescindible por distintos motivos, casi diría sin ninguna excepción y quizá sin omisión, porque ahora no me voy a poner a pespuntear detalle y precisar. La edición, de portada sólo para gambusinos tenaces de Eldorados del verso y casi imperceptible al público lector normal, lo cual no creo que sea intencionado, es del Fondo de Cultura Económica, Madrid y no México, lo cual no creo que sea intencionado, 2008. MRG escribió también el prólogo. Su presencia me releva de antecedentes y referencias poéticos y de circunstancia, y de entrar en voluntad y extensión o alcances de estilo. No del todo o quizá mucho menos de intención de espíritu.

Jeta de Santo viene de jeta de Santiago; o sea: es título de autor y es valor añadido a los antologadores que no sea de magín de ellos o de alguno de los dos. Así, aquello que en tanto enunciado revela es revelador sin matices. Indica no una «condición de» sino una «actitud de»: un desplante de Black Shadow enmascarado de plata, un cinismo de moraleja; una disposición a llevar y ostentar en vivo una santidad secreta y abstracta, autoasignada, como jiba de carga concreta porque sí o por güevos de tiranuelo de Narciso. Una ‘santidad’ insoportable, e insostenible para cualquier otro; una ‘satánica-santidad’ de «poeta-dios». Esto que es individual y prófugo, en su propio reino antitrágico se agota y fagocita y fagota: es chicotazo sólo del vuelo de su látigo, por más que quiera o no quiera expandir lo suyo a los demás. Pero para «tener la jeta» extrema de cargar con una mascareta de este tajo a filo hasta la muerte en las relaciones de trato y obra con todo y con todos, hay que tener jeta. Y para jeta la Jeta de Santo de El Abate Las Patas. Y algo más que jeta también. Luego: no quiere decir todo lo dicho que Santiago no fuera «verdadero» en el sentido de «auténtico» sino simplemente que no era santo ni se proponía serlo y sí en cambio ser poeta y con aquella máscara ir a misa negra. Asumir pues gesto y figura y no sustancia de santidad es de hecho o una renuncia o un desprecio a la santidad como proyecto de vida trascendente y de mundo; gesto y figura que borda ausencia de compromisos de práctica y ética. La santidad es ejercicio espiritual y de mundo que como la poesía es cuestión de ser y no de parecer, querer ser o ganar remotos lotes de eternidad en los jardines de muertos metavitales. Es vivir la experiencia de ser divino, de tener en casa a Dios, de ser casa de Dios y vivir Él, ser Él viviendo en ti en la materialidad de la vida concreta; y ello por la vía, que es a paga de la propia, de la renuncia, la humildad y todas las virtudes frugales y por paradoja pródigas que vencen el ego y el deseo mortales por el ego y el deseo de vivir en éxtasis de eternidad en divinidad. Virtudes de desecho desde la soberbia y el orgullo abatesco prójimos a los de Nietzsche, sin embargo para otros a la mano de Utopía, a la mano de locos de una cierta locura de desiertos etéreamente poblados por el poder monstruoso de monstruos fans de la fe. El Abate sólo era un santón laico ebrio monstruoso de la fe poética. Y cínica y lúcidamente conciente de serlo. Para él la poesía vivía en casa de nacimiento, residía en él, y él era si no la poesía sí El Poeta, el que la hacía, El Creador. No se creía como el chileno patapalmonte solamente un pequeño dios por ser poeta sino Dios mismo, El Creador. El poema con que celebra el nacimiento de su hijo se llama en delirio de balcón que no es hipérbole “Dios padre rasga su espíritu santo para contemplar el milagro de Dios hijo”. A que todo esto se entienda mejor, convoco ahora a dos de sus grandes modelos franceses de poeta: Mario Santiago no sólo se tenía por «Satán adolescente» como Rimbaud sino también por el Amante Dios que lo nombra de este modo, creándolo, el Poeta: Verlaine. Tu propio Rimbaud hijo es hijo de tu propio Verlaine padre en tu espíritu santo creador internos. El idilio trágico de estos cuates es ayuntamiento patente y simbólico del mal y del bien -mal y bien mutuamente enamorados e inseparables en la accidentada travesía espiritual del creador mexicano cuya soberbia se ejerce impune como la otra cara, probablemente la única atractiva para él, de la humildad, desde el cuerpo indiferencial en que al tocarse se funden y resuelven los contrarios. Su actitud vital de confrontación y provocación permanentes viene de este arsenal de arsénico y asimismo el derecho que se arroga de arrojar a los mercaderes del templo a la cara las plastas de mierda de su propia miseria en conciencia, mientras él se concede inocencia y raíz de razón de juez inapelable. Porque a diferencia del filósofo citado, El Abate no ahogó en la nada en combate conceptual o en el puro desprecio lo que arraigó en él de la visión cristiana de mundo, y de manera menguada, casi polvo y casi pelo aparece entre los trastos menores de su verso. «Mi único evangelio: el Apocalipsis/ Don germinado/ Excremento de ángel/ Ensalada de Alpha rociada de Omega». Mario Santiago no era un santo. El santo vive en la felicidad de Dios, se sabe creatura y no Creador y ama tan mansamente al mundo que por amor renuncia al mundo. La santidad es, así y por lo antedicho al respecto, un producto y un estado de locura manifiestos. Por la bacha que queda del cerillazo que enciende a Fénix, el prestigio poético de la locura viene, en choque de contradicciones, mucho menos de la creación en estado de locura que de la actitud de vida extravagante de los poetas, pero El Abate no siguió a Hëlderlin porque era muy otro gallo para su corral sino a Rimbaud en esto. Y eso fue axial de su problema: al Abate sólo le podía interesar la locura como condición de la creación y asumirla por actitud en forma de receta rimbaudiana, porque él de loco nunca tuvo un gramo; por el contrario, cultivaba bajo la tapa de los sesos una inteligencia brillante, despierta y apasionada. El desorden general de los sentidos abatesco fue entonces pues actitud y autoinducción. Poeta de halo ego en desmesura de divinidad creadora, necesitaba (y a mordidas y desgarrones, pero los tuvo), tanto del amor femenino como de sus amigos verdaderos... y de prosélitos y acólitos a manera testimonial de corte de los milagros de su mollera poética; y más aún: del reconocimiento social que nunca recibiría en vida, porque había hecho todo para lo contrario. Así lo cuenta Mario Raúl Guzmán: «Su manía de execrar a escritores “consagrados”, apedrearles sus casas llenas de metáforas más inanes que la más caduca de las vanguardias y pintarrajearles las paredes hechas con las obras completas de Octavio Paz, dieron la coartada perfecta a quienes decretaron su inexistencia». Era, por descontado, la suya, una ruta de fracaso y autodestrucción. Por algo he dicho que fue un personaje antitrágico. El ideal trágico enfrenta y sortea toda adversidad pero termina cediendo la vida a la dictadura del Destino -que no avisa cómo ni dónde porque es El Que Es. El ideal de El Abate vivió destino en vida porque vivió su condición de poeta, lo que significa asumirlo, pero la vivió a través de la máscara que se impuso y que se hizo con él y de él fue siamesa, porque toda máscara es persona, y persona con persona se paga. Por eso en la gran final, solo contra todos y solo contra nadie (como El Hombre Que Remolinea La Espada, de Josep Carner), en su tremendo delirio de Destino, El Abate cedió a su máscara, a su imán de taquilla y a la atracción de pancracio de su propio maelstrom, pero ciertamente no al rudo poder enclenque de Los Poderosos del Verso, y briago de toda bebida elocuente bebió hasta las heces los riesgos y las glorias fementidas de su máscara, y fue, campeón sin corona, su primera y su última víctima, cuando ya su muerto había cavado largamente su tumba y llovía sangre coagulada sobre el ring.

Concubinato indesligable
entre el hemisferio-zas
& el hemisferio-cataplum

Contra vendavales e inundaciones
(& en cierta manera a
favor de ellos)
contra casas de puertas cerradas
contra soles agusanados
contra cirrosis más allá
del hígado/

La poesía sale de mi boca,
asoma las narices/ el pene
a lo imprevisto/
el estremecimiento
el resplandor/
& la baba también
& los pelos arrancados a este tiempo
a fuerza de jinetearlo
& desatascarle su rodeo/
& la caspa/ & la petrificación
de tantas de las yerbas & raíces
de este mundo/ que antes de
morderlas nos vemos obligados
a escupir...

La poesía sale de mi boca,
de mis puños, de cada poro
resuelto de mi piel/
de este mi lugar volátil, aleatorio/
testiculariamente ubicado/
afilando su daga/ sus irritaciones
su propensión manifiesta a
estallar/ & encender la mecha
en 1 clima refrigerador
donde ni fus ni fas
ni mechas ni mechones
ni 1 solo constipado
que merezca llamarse constipado,
ni 1 solo caso de Fiebre-Fiebre
digno de consignarse en este
mi inmóvil país

ECLIPSE DE SOL EN EL METRO
CORONA DE ESPINAS ELÉCTRICA

(Este texto me fue enviado por Orlando Guillén, poeta, y aquí lo posteo para su lectura. Como dicen en el Ecos, no tiene desperdicio)

viernes, 6 de junio de 2008

Dones: Hombre Gris

Los colores se perdieron
y con la luz un nuevo color nace.
Soy el que camina en las calles,
con las manos en las bolsas
y comiendo chocolate.
Soy el que brinca sobre charcos
de agua sucia y sonríe a una anciana.
Soy el que alza el brazo en las marchas
y llora en las noches de abandono.
Soy el que grita al sonoro rugir del cañón.

Ni blanco.
ni negro.
Ni malo.
Ni bueno.
Ni rico.
Ni pobre.

Hombre gris,
ni blanco,
ni negro,
solamente/ quiero ser feliz.

(Hombre Gris, dondehood, DAC)

Verde

ahí vamos
celebrando la violación de la patri a
ay vamos
cantando como gatos entre cables eléctricos, cayendo
ahí vamos
viendo sólo leña en árbol
acabemónos este mundo
destruyámoslo
ya tenemos nuestro marte
con su agua congelada
váyamos
allá
a celebrar
la violación
de nuestra patri a

Silencio...

Hay días en que no se me ocurre nada más...

martes, 3 de junio de 2008

Sala de Lectura Móvil "Agustín Santa Cruz"





El 16 de julio Agustín Santa Cruz estaría celebrando 100 años de vida. El poeta colimense será motivo de una serie de homenajes que inician con la apertura de una Sala de Lectura móvil en el centro de la ciudad. Ahí van las primeras gotas de lluvia...

viernes, 30 de mayo de 2008

Sobre Eugenia Robleda

Una valquiria embravecida
(Texto para la presentación de "Bosque Dorado Teñido de Sangre" de Eugenia Robleda)

En las primitivas lenguas germánicas, valquiria significa, la que elige a los muertos. Jorge Luis Borges explica, en el mítico Libro de los Seres Imaginarios, que un conjuro anglosajón describe a las valquirias como mujeres resonantes cuando cabalgaban sobre la altura y resueltas cuando cabalgaban sobre la tierra. Las valquirias eran poderosas.
En la mitología escandinava estas mujeres eran vírgenes “armadas y hermosas” que elegían a los caídos en combate y llevaban sus almas al épico paraíso de Odín, techado en oro e iluminado por espadas. Hasta ahí llegaban las almas de los elegidos por las valquirias.
Pero los muertos señalados por las valquirias no podría ser cualquiera. Eran guerreros, caídos violentamente, en batalla, en medio de la sangre, con una espada incrustada en el pecho o un hacha atravesando su cráneo.
Podríamos decir entonces, que Eugenia Robleda en su Bosque Dorado Teñido de Sangre que hoy nos reúne, hace las veces de una valquiria embravecida. En el primer cuento del libro: titulado “El Dolor”, Eugenia construye una historia de guerreros –por así decirlo-, de mujeres y hombres que luchan, se destruyen violentamente, se violan, se desgarran, se seducen, se asesinan.
La técnica narrativa con que se construye ese texto es peculiar. Una escalada o una avalancha, podríamos decir. Una cadena, una historia que une las historias de otros, una mujer enamorada de un hombre que la toma por confusión, un odio nacido por nunca tener aquello que se añora.
En “El Dolor” leemos a una narradora que lanza flechas con cadenas, las estira y hala, elabora un laberinto sentimental a base de cuerpos que se unen, rozan y poseen. Paulina, Roberto, Susana, Santiago, Magdalena, Armando, Chucho, Alejandro son los nombres de esos personajes y pueden ser los nombres, actitudes o historias de cualquiera al lado de nosotros. Una historia construida en la confusión y con ciertos rasgos poéticos: “él había muerto, su cráneo se estrello junto con su automóvil”.
Sin embargo, esta valquiria, no cesa en capturar y elegir desposeídos y desalmados. En “Regálame un Día” nos cuenta la historia de un vampiro, que parece más una representación simbólica del universo desalmado en el que vivimos:
“Los dedos de Noctámbulo Necrosio, bailan sobre las teclas blancas y rojas del piano. Sueña con la sangre que derramará mañana, le gusta ese olor acre que despide la sangre de los católicos, no de todos, de los que llevan el aroma del evangelio en sus venas, de los que enseñan una cara frente a Dios y otra detrás de su prójimo, de los que pueblan sus sueños con los demonios del infierno…”.
Así, nos encontramos con una Eugenia Robleda que además es una valquiria, a la usanza germánica y escandinava, una narradora que reúne en sus relatos porciones de una realidad avasallante, onírica, dolorosa, amorosa, tierna, futurista, gótica… la narradora que eligió a varios muertos para sus cuentos hechos para leerse por la noche, con una copa de sangre y un platón lleno de carne humana destazada por esta valquiria embravecida.

Esaú Hernández
Colima, Colima a 29 de Mayo de 2008

De la Lectura

NUEVE ANOTACIONES SOBRE LA LECTURA
(Texto leído durante la presentación del libro "Lecturas para Naúfragos y Cosmonautas" de Carlos Maldonado)

1. La lectura enfrenta muchos problemas. Hay enemigos perfectamente identificados: algunos de ellos, imbatibles; otros, peligrosos; y unos que otros, son débiles pero persistentes. Sin embargo, uno de los mayores enemigos de las tareas de fomento a la lectura somos los escritores.
2. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el escritor es una “persona que escribe”. Así de simple. Contra esa definición, hemos enarbolado y nos sentimos parte de una élite que tiene derecho a menospreciar, criticar, destruir los esfuerzos de otros sólo porque no nos invitaron, porque nos corrieron o porque nos quitaron la beca.
Enrique Serna, en El Miedo a los Animales, ha detallado de manera grotesca mas no alejada de una realidad cada vez más avasallante, la forma en que el mundillo literario es capaz de intentar destruir personas, esfuerzos, trabajo.
3. Así, alguien dijo una vez que “la necesidad sustituye los sentimientos”. En los sentimientos se fragua todo: la sencillez, la grandeza, la elementalidad. Por ello, resulta increíble el vacío que la necesidad genera en personas y cosas. Es común este mal entre los escritores, antologadores, críticos y promotores de la lectura: “voy a escribir un libro –reflexionan- aunque no tenga nada que decir y voy a llamar la atención a toda costa. Mi padre es el vacío.”
4. De esa manera, han surgido proyectos tan pretensiosos y caros como aquel que aspiraba a hacer de la dantesca Divina Comedia una sopa de letras en zonas rurales y marginadas de los municipios o aquel que insiste entre niños de escasos recursos otorgar una biblioteca digital con lecturas en archivos pdf. Nadie pensó en que esos niños apenas tenían lecturas elementales, básicas o que muy pocos tendrían una computadora en casa o escuela. Sin duda, los medios eran adecuados pero la pretensión muy alta. No eran esos los públicos correctos. El axioma popular reza: “no corras sin antes aprender a caminar”.
5. Así, durante los dos primeros años en que Colima se ha aplicado la Ley Estatal de Fomento a la Lectura y el Libro, los primeros pasos han sido firmes, han dejado huella. Hoy, por ejemplo, somos testigos de uno: se entrega a jóvenes y niños de Colima, una antología digna de reconocimiento. Explico:
6. Señalaba yo en los puntos 1, 2, 3 y 4 que los trabajos de fomento a la lectura han sido pretensiosos y elitistas, sobre todo, aquellos encauzados por escritores.
Y que en ese escenario, quien sea humilde, debe reconocer los esfuerzos que por su sencillez son dignos de aplauso y lamentar aquellos que han sido lacerantes, insípidos.
Aparece entonces una antología: “Lecturas para náufragos y cosmonautas”, una colección de textos que a un lector –así, sin más calificativos- ha marcado y que ese lector tiene como única pretensión compartir aquellas lecturas que lo han marcado, esos textos que para él serían imprescindibles en un naufragio o en un viaje a la prossima centauri. Tan imprescindibles y necesarios como el agua, el techo o la comida.
7. Hacer de la lectura un derecho ciudadano y del fomento de la lectura una obligación del Estado, es un deber impostergable. Hoy, el Senado de la República, aprobó la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro. Los medios han destacado como una de sus bondades el establecimiento de un precio único del libro en toda la república. La Ley había permanecido en la congeladora –así dicen los políticos- durante todo el sexenio foxista y parece un primer acercamiento hacia la socialización de la lectura.
8. En medio de ese panorama, repleto de banalidades, affaires y desencuentros personales, aparecen de pronto textos valiosos por su postura social, moral, ética.
Por ello, resulta agradable leer las sencillas notas que Carlos Maldonado hace de los textos y autores seleccionados en esta colección. De Kafka anota: “Kafka es conocido principalmente por su novela La Metamorfosis, en la que Gregorio Samsa se convierte de un día para otro en un insecto“ o de Lewis Carroll se le puede leer: “Carroll es un ejemplo de lo que se puede encontrar de valor releyendo un libro que parecía agotado, pues a cada lectura ocurren grandes y pequeños descubrimientos que nos obligan a leer Alicia (en el país de las maravillas) una y otra vez”.
9. Sin una pretensión mayor que la de compartir con potenciales lectores juveniles, los textos que lo han marcado, Carlos Maldonado entrega un esfuerzo que la Secretaría de Cultura no ha querido dejar pasar. Su selección es una oportunidad más, una herramienta para seguir trabajando, entre aquellos, niños y jóvenes que mañana pueden llevar a una isla desierta o a un viaje a la luna cualquiera de esos 50 mil libros obsequiados este año. Que así sea, que naufraguen muchos y otros tantos más se vayan a la luna.
Esaú Hernández